domingo, noviembre 27, 2005


Mirar desde arriba


Imagina que puedes volar y que puedes regular la altura de tu vuelo solo con tu mente.
Impulsate, respira hondo y elevate unos 30 metros... y mira con cuidado, observa todo lo que se ve alla abajo.
Hay gente que camina, con su sombra pegada, se mueven en todas direcciones, entran y salen de casas con rejas, cruzan apurados calles manchadas, a veces se saludan, pero solo a veces. Toman buses, conversan, se ven serios y apurados. Hay vehículos que avanzan en lineas rectas , se adelantan, se esquivan, pero siempre avanzan.
Entre los techos hay espacios , con plantas, con niños a veces, hay ropa que cuelga al sol el cordeles.
Pero tu estás arriba y miras, curioseas con lo que ves y te divierte hacerlo. Todo alla abajo parece poco grave, simple, un poquito absurdo. Piensas en la ultima discusión que tuviste y te da risa recordarla, hay un perro allá abajo que te mira extrañado, te ladra, pero nadie te ve, solo el.
Te mueves, vuelas a gran velocidad y llegas a la entrada de la ciudad. Hay muchas cosas que te atraen ; se ven muchos colores, luces amarillas, violetas, ventanas traslucidas de tonos verdosos, hay carteles gigantes que te invitan a conseguir algun objeto interesante, edificios potentes que parecen indestructibles, vestidos con hermosos vidrios azulados que reflejan el cielo aún mas hermoso de lo que es . Y sientes nostalgia y te dan deseos de bajar , de ser uno más entre los demás para disfrutar de lo que te parecio bueno, atractivo reluciente. Pero al mirar desde acá arriba esas cosas ya no parecen tan potentes en su realidad , las has visto pequeñas, frágiles, amontonadas en pequeñas manzanas donde no siempre llega la luz y el aire es escaso y contaminado.
Y te das cuenta que estás comodo aqui arriba, la brisa fresca es buena y te sientes a mitad de camino entre la inquietud que te produce lo de abajo y la paz que te está ofreciendo ir un poco más arriba.
Y decides, con un poco de temor, ir aún más arriba, y te impulsas suavemente y comienzas a subir. Muy lento al principio y cada vez mas rapido, más rapido... y te cosquillea el estomago y sientes algo como la felicidad, y te das cuenta que estás sonriendo y este descubrimiento te hace soltar una larga carcajada y te sientes sano, contento. Te detienes suavemente y miras hacia abajo. Las construcciones humanas apenas son visibles, se adivinan grupos de construcciones, pero no se alcanzan a ver los seres que habitan en ellas. Piensas en todo lo que tu sabes que está pasando abajo, pero que ahora no te importa más que lo que te importaría un grano de arroz en el suelo. Aca donde te encuentras no hay cuentas que pagar, objetos fantasticos que comprar para alegrar la vida, multitud de ideas divergentes sobre como vivir verdaderamente la vida , personas a quienes odiar y a quienes amar, pasiones por las que vivir y también morir. No, aqui no hay hombres que parezcan más , o menos, pequeños, o sofisticados, caballeros o ladrones. Todo desde aqui se ve sin importancia, no relevante. Lo de abajo casi te parece oscuro, torcido, especialmente cuando levantas la vista y ves el horizonte infinito que se pierde aún más allá de la tierra hacia las estrellas por miles y miles de kilometros inimaginables.
Respiras hondo y piensas, no sin cierto disgusto, que debes bajar, que esto fué por el momento solo un viaje hermoso, esperanzador, pero allá abajo hay algo que aún debes hacer. Vuelves a respirar, te sonries con toda la cara y el cuerpo y mientras bajas vas pensando que hoy haz nacido nuevamente, que estás de paso , que lo de abajo no es la vida, es solo una parte de tu vida.

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